Estoy loco
Miro a mi alrededor y qué veo. Veo gente que viene y va con sus vidas a cuestas, que han dejado debajo de la almohada su cara de andar por casa y se han colocado la de persona feliz, con metas en la vida y con futuro optimista. Unos caminan con mirada altiva, orgullosos de pensar que los demás los envidian. Otros viendo pero no mirando, no queriendo bajar la cabeza por si acaso se cruzan con Dios y no lo ven y luego no pueden contárselo a sus amigos. Van absortos en pensamientos que insultan al significado de pensar, centrados en analizar ideas que se perderán al girar la siguiente esquina. Y otros se mueven con la mirada en sus pasos, algunos porque no quieren encontrarse con una situación en la que tengan que improvisar y de esa manera materializar el desprecio que reflejan sus espejos de cuarto de baño. Pero algunos pocos, algunos y yo, también miran hacia el suelo porque mirando al frente no ven más que puñaladas andantes. Puñaladas a la ilusión, si aún les queda, puñaladas a las ganas de olvidar y volver a intentarlo, puñaladas a la esperanza de no ser el único que no tiene ganas de mirar dentro de nadie, puñaladas al intento de pensar como los otros que la vida es sencilla y no que esas cosas sencillas son también las más insustanciales. Son puñaladas que ríen, hablan, lloran y que me las encuentro nada más salir de mi burbuja, detrás de un mostrador, dentro de los coches, en medio de un pasillo y en cualquier parte.
Y qué puedo hacer. Sólo me queda deprimirme o perder la cabeza. Lo primero lo descarto porque seguramente no tendría ánimo para disimular y no podría fingir sonrisa de buenos días ni probablemente recordar frases hechas para dar a entender que escucho lo que me dicen. Y eso conllevaría, en el mejor de los casos, el desprecio de los demás, que no soportan que sus vidas no nos parezcan apasionantes. En el peor de los supuestos, el que quede patente en nuestras caras que nos hemos rendido a la ilógica del mundo, traería consigo lo que yo considero el peor de los sentimientos que me pueden dedicar: la pena. Y no es que no la soporte porque quede de manifiesto que soy débil y que no soy apto para la sociedad, como suelen pensar la mayoría en cuanto ven a alguien que consideran inferior tan solo porque creen que ese alguien no tiene las habilidades sociales de las que ellos piensan que son unos expertos. No soportaría dar pena porque transforma mi desilusión, innata creo ya estas alturas, en agresividad hacia las personas que se atreven a regalarme su compasión. En esos momentos siento un profundo desprecio hacia esa gente que brinda caridad y brazos por el hombro, en vez de guardárselos para si mismos. Les harán falta cuando se paren a pensar que no son más que náufragos ilusos que piensan que bebiéndose el mar no se ahogarán, que no son más que olas ciegas convencidas de que llegando a la orilla habrá gente que les aplaudirá su trabajo y que descansarán, en vez de morir como mueren, que no son más que gaviotas cobardes que se conforman con vivir siempre sobre el mismo trozo de mar creyendo que eso es el universo.
La única solución que me queda llegados a este punto es perder la cabeza. Para ello tendré que aprender a reírme por dentro, imaginándome una sonrisa de superioridad en mi cara cuando los mensajes, que me lleguen escondidos en las conversaciones de los demás, me transmitan la ignorancia del que habla sobre la complejidad final de las cosas, me susurren comentarios sarcásticos sobre la seguridad con la que me dicen las palabras. Y entonces me engañaré pensando que soy dueño de los segundos que pasan, que soy el único que ve a las personas atrapadas dentro de otras personas, que los errores no se pagan, que las risas sinceras valen más que la sinceridad misma, que las lágrimas no ahogan palabras, que decir te quiero porque sí no es de ilusos, que creerse único es necesario, que las sombras sirven para apreciar más a la luz, que la felicidad se muestra siempre con otros nombres para que no la reconozcamos y en definitiva, me engañaré con todos esos pensamientos que la cordura ata y entierra. Estoy loco, probablemente.



Yoi Zoë dijo
Hola!! . . . Me fascinó tu escrito. El final es excelente, me atrapó por completo. Escribes muy bien ¡Felicidades! . . .
19 Agosto 2005 | 05:26 AM