Un sueño
Dejé que mi cuerpo tomara las riendas del día. Se empeñó en demostrarme que había sido un alumno ejemplar y que, aunque sólo sea por hoy, no necesitaba de mi supervisión. Y se lo permití. Tenía razón al decirme que siempre había estado atento a las fases que conforman mi rutina, se merecía un voto de confianza por mi parte, su dueño. Además, lo sincero sería decir que realmente la ídea me gustaba especialmente, después de que, por primera vez en mucho tiempo, volví a recordar lo que había soñado. Fue algo extraño abrir los ojos y sentir nostalgia de la escena que unos segundos antes discurria entre el espacio que hay entre mis párpados y la almohada.
Soñé con un extenso campo de trigo, quizás, sólo interrumpido por una extraña construcción. Su diseño desde lejos parecía una típica casa rural, desde cerca en cambio sentía que aquello era una cárcel. Me senté enfrente, desde un lugar donde controlaba toda la dimensión del edificio. Y esperé. No sabía qué era lo que esperaba, pero estaba convencido de que mi deber era esperar. Y pasaba el tiempo de una forma ansiosa pero dulce, como cuando esperas a quien quieres en la estación.
Y desperté con la sensación de haber soñado durante siglos cuando aquella estampa en el mundo real no hubiese durado más de unos minutos. Pero desperté también en otro sentido, quizás de la realidad en la que vivo. De ahí que sea obvio que no quisiera controlar a mi cuerpo, que se las ingeniase él, yo estaba demasiado ocupado en recordar mi vida nocturna, mi otra vida.



locaporlaluna dijo
para los toltecas, mexicanos que admiro profundamente por su filosofía, la vida es sueño.
Felices de los que les dan/amos más importancia al sueño que a la vigilia, es cuestión de crear el propio universo de vida.
cariños
5 Abril 2006 | 02:44 AM