Cometas al viento
En sus palabras se destila una determinación tan pasmosa como el brillo orgulloso de sus ojos cuando explica su itinerario, conciso y simple, hacia el éxito. Tan conciso y simple que, sin saberlo, es el mismo que han elaborado otros tantos millones como él.
Elabora un discurso limpio que mataría de orgullo al más ambicioso publicista, al más rastrero guionista de televisión, al mismísimo fundador de Vogue. Y es inevitable sentirte identificado, imaginándote del brazo de la novia que él describe, sonriendo con la última travesura de los niños de dientes perfectos que él anhela o sentado en el porche de esa casa que el té dibuja, aunque aquí las casas no tengan porche ni sean prefabricadas.
Estos sueños globalizados me matan, lo admito. No sé si soñar con una casa con piscina o esperar a ver qué se sueña dentro de un año; quizás dentro de poco tener perro esté mal visto o pasado mañana los blogs no se lleven. Lo que sí está claro es que esta indecisión onírica me está rezagando en esta maratón tras cometas al viento, donde lo que prima no es atraparlas sino correr tras alguna.



jotatrujillo dijo
Lo triste de algunas, o quizás todas, las carreras en pos del éxito, no es que se corra o atrapen las cometas, es que la mayoría de las veces se consigue su destrucción.
Saludos y sonrisas.
18 Septiembre 2006 | 07:12 PM